Páginas vistas en total

martes, 7 de enero de 2014

Mierda de Todo

A estas horas, miembros del Instituto Armado, siguen la pista del Rey Baltasar, el cual ha sido denunciado por una vecina de Cartaya (Huelva). La vecina, que ha sufrido un traumatismo cráneo – encefálico, recibió el impacto de un “peonazo”, que supuestamente se lanzó desde la carroza del Rey Baltasar… ni que decir tiene, que cuando se miro al espejo esta mañana, Su Majestad, lo vio todo negro. Y no es el único monarca que se ha levantado con la perilla y el flequillo revirado. Pues a más de uno le habrán pitado los oídos por activa y pasiva, y de manera, maldiciente. Porque, en este país, otra cosa no, pero ver la paja en el ojo ajeno es de especial vocación materia.


Las entrañables fiestas navidadeñas han llegado a su fin. Y el balance ha sido inquietante… en España seguimos con el paro, con la corrupción, con la pobreza y los desahucios. En el mundo, seguimos con un cóctel variado, con un poco de todo y mucho de nada, donde muchos somos menos que cero y pocos más que nadie. Seguimos viviendo en un mundo de clases, léase: sociales, donde los muchos, todos pobres somos iguales ante una ley, que protege a los pocos que son más que nadie, o sea más que los muchos y por ende que el todo. Y es así, aunque parezca un embrollo. Coja la idea que es, realmente, lo que importa. Estamos en un mundo donde pisar mierda es para privilegiados, porque la mierda es el todo, donde habitan los muchos pero no los pocos, que al fin y al cabo son los que pisan. Un mundo donde la clase media, también, se está yendo a la mierda, y donde la distancia entre dos puntos A y B es tan extremandamente exagerada, que ya nadie la recorre. Pero alguien debería recorrerla… Es cierto que se alzan muchas voces. Yo, el primero. A mí, desde aquí, en mi butacón, cerquita de la calefacción, oliendo a café la estancia, y con el mar salvaje y enfurecido en la estepa marina gallega, a mí, se me oye el primero. Incluso, habrá quien me escuche. Pero no nos equivoquemos, eso no vale. Es igual que mi oronda vecina con tacones a las dos de la madrugada haciéndose oír, no es un derecho constitucional y una libertad individual; lo que es, es una “hijoputada”, falta de respeto y educación, y sobre todo, mucha mala baba. Este relato sólo es una válvula de presión por donde purgar. No sé si para no explotar yo, o con el ánimo de que no me explote en la manos una patata caliente, de esas, que pasa de uno a otro y que todos pasamos con los ojos cerrados. De esas, que al pasar, suspiras y dices: ¡listo, hasta otra! Como cuando eres el presidente de tu comunidad, y pasado tu año de legislatura, entregas el bastón de mando. Suspiras, y dices: “Ya era hora”. Y tus vecinos complacientes e hipócritas sonríen y asienten. “¿Era hora, sinvergüenza? Si te has tocado los cojones a dos bandas”, piensan. Porque, para ser muy sincero, ni hay erótica en el poder, ni nadie piensa que por ser presidente de tu comunidad tengas ni erótica ni poder. Está claro, esta composición es un acto reflejo para quedar bien de cara a la galería, dirigida a los muchos que engañados siguen escuchando canción protesta, y excitándose con los versos que surgen de la poesía social. Ya veo a esos perro – flautas, que la han empeñado para comprar tabaco de liar, dándolo todo, que no a todos; afilando el lápiz, mientras resuena una cantarina voz de pito que recita artículos de manifiesto. ¡Ays, mísero de mi! El retrato de Jean-Paul Sartre me mira fijamente. Sus ojos, tras los lentes, inquisitivos reprueban mi comportamiento. Lo sé, y lo siento. Le miro con ojos de perrillo abandonado, y dándo un rodeo, le tomo por sorpresa y le doy la vuelta. “Jean-Paul no es por ti, es por mi por lo que te oculto de tanta miseria”. Seguro, que ahora sí cobra más sentido “La náusea”. (No nos equivoquemos, no es lo mismo “La náusea” que una arcada”). Creo que he perdido el hilo argumental. Incluso, me atrevería a confesar que he perdido el norte en este insultante soliloquio, pero la intención era buena, por lo menos al principio. Lo único no razonable es que la culpa la compartimos muchos, cuando realmente, la deberían compartir los pocos, esos que son unos cabrones que se dedican a robar el todo, echarle la culpa a los muchos, y pisarnos como si fuéramos mierda.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Mi Ping en TotalPing.com
Licencia de Creative Commons
Historias de un sombrero by Ricardo Shauferman is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-SinObraDerivada 3.0 Unported License.