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jueves, 10 de mayo de 2012

Ella no sonríe.

Ella no sonríe. No sonríe porque un juez la ha condenado a casarse con el animal (eso no es un hombre) que la ha violado; ¡atentos! Para que éste, hijodelagranputa, se libre de la cárcel.

Ella no sonríe porque fue forzada.

Ella no sonríe porque fue violentada.

Ella no sonríe porque para ella no existe la justicia, ni siquiera la venganza, ni la revancha.

Ella no sonríe. Está triste y no es que sea una princesa, que diría Rubén Darío. Es sólo una niña. Una niña normal, tan normal como esas niñas que vemos por la calle jugando con sus móviles, hablando de sus cosas, de sus primeros chicos, del cantante de moda.

Ella no sonríe porque le han robado la inocencia, se la arrebatado de un zarpazo feroz; un depredador que en la cadena alimenticia está un escalón por encima de ella… allí. Aquí, como dice el bueno de Xoan C. estaría colgado de un pino gallego, boca abajo, y los cuervos carroñeros le sacarían los ojos, hasta escarbarle las cuencas y dejárselas tan vacías como su pútrido corazón.

Ella no sonríe porque su padre está frustrado, porque su padre que tal vez creía en la justicia de su país, ahora se ha llevado un varapalo, una bofetada de esas de cinco dedos marcados a fuego en la cara.

Ella, que se llama SAFAE, y lo pongo en mayúsculas, ha sido obligada a casarse con la bestia que la profanó para salvar su honor. ¿Qué honor? Me pregunto yo. ¿El honor del violador? ¿El honor de Safae? ¿El honor de su familia? ¿El honor de la justicia?

Safae no sonríe porque tiene miedo, porque va a ser mamá de un animal. Porque va a traer una criatura al mundo fruto de un bestialismo… una criatura que será juzgada antes de nacer, incluso por la pobre e inocente Safae que, quizás, sólo traía agua del pozo, o jugaba con sus muñecas y sus amigas, soñando con convertirse algún día en una gran doctora. Quizás.

Safae, que ahora, no sonríe, tal vez, algún día disimule su mirada perdida y triste. Y, si Dios o Alá lo quieren, se convierta en un ejemplo de lo que NO es JUSTICIA. Pero hoy, ha perdido su tren para jugar a las tacitas de té, y ese tiempo, no volverá jamás, porque es irrecuperable.

Esta es Safae….


Y perdona que hoy no sea jocoso, pero hoy también lloro, pero a mi manera. Con rabia, con ira, con la cólera de un guerrero viejo curtido en millas y mares, con la piel llagada por la salitre y la arena del desierto, el aire cálido del Sáhara, y la tramontana. A mi manera, como tú, amigo a la tuya, ahora, mi estómago se ha cerrado, y si pudiera vomitaría palabras prohibidas que como cicatrices se han dibujado en su pequeño corazón de catorce años.

2 comentarios:

  1. La vida no es justa....

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  2. La vida, en ocasiones, es una puta mierda.

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Historias de un sombrero by Ricardo Shauferman is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-SinObraDerivada 3.0 Unported License.