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lunes, 21 de mayo de 2012

¡Usted me da asco! O el cuento del país de la pandereta.

Entonces Pilato, viendo que nada adelantaba, sino que más bien se promovía tumulto, tomó agua y se lavó las manos delante de la gente diciendo: «Inocente soy de la sangre de este justo. Vosotros veréis.»  Mt. 27, 24.






Mientras muchos setenteros, y nostálgicos de la década de los setenta y principios de los ochenta, lloran la muerte de “Robin Gibb”, uno de los integrantes del trío de los “Bee Gees”; y otros se quedan boquiabiertos porque la japonesa “Tamae Watanabe”, de 73 años de edad alcanza la cumbre del Everest; otros, muchos, otros muchos o muchos otros, según se quiera leer, pensar o creer, están indignados por la forma, manera o modo en que ha salido de la cárcel Ramón M.M. alias el “Ramoncín”, uno de los tres menores culpables en la paliza, vejación, violación, muerte y cremación (todavía en vida) de Sandra Palo.

Salió en un furgón, y en las imágenes se aprecia como hace un gesto con el brazo. ¿Un ademán de triunfo por la ansiada libertad? Tal vez, estaría mejor sin el brazo, pensarán muchos. Tal vez, algunos, se lo amputarían y se lo darían a comer a los cerdos, pensarán otros. Pero otros muchos, o muchos otros, confiamos en que la justicia ponga las cosas en su sitio. Que un juez, sentado en su silla se achuche el cerebro y el cerebelo, y que se le ilumine la chispa de la ciega justicia igual para todos los hombres y mujeres, y así, como si fuera el entramado de las neuronas, en una reacción en cadena, llegue hasta el Ministro de Justicia, y dándose un chorlito en la frente se diga: ¡Mierda, la hemos cagado! Y enmiende este entuerto.
Porque es triste y desolador, terrible y horrible, casi anti natura sobrevivir a un hijo, pero sobrevivirlo porque te lo han robado, te lo han arrebatado, te lo han… en fin… te han privado de verlo crecer, de verlo madurar y dar frutos… Tal vez, la mamá de Sandra Palo tenga un árbol en su jardín. Y cada vez que llega la primavera y florecen las flores en sus ramas de hojas frescas y verdes, ve a su hija, a Sandra, y un hilo de felicidad, durante una fracción de segundo ilumine su rostro antes de desaparecer en las tinieblas de quien se siente vacío porque ya no le quedan ni lágrimas que llorar; porque donde hubo amor ahora sólo hay odio; donde hubo perdón ahora sólo hay venganza; y donde hubo esperanza ahora sólo hay la oquedad de la soledad absoluta. Y aún así, María del Mar, la mamá de Sandra, dice que jamás ha pedido venganza ni la pena de muerte, sólo justicia. Y, puede, que ni siquiera tenga jardín.
“¡Mierda, la hemos cagado!”, dicen en este cortijo, país de panderetas, jotas y botas de vino. Ya lo decía Quevedo, el Dioni, Conde y Díaz Ferrán: ¡Poderoso caballero es don Dinero!
Y como ya sabrán, yo, que leo la prensa sentado en el retrete mientras evacúo, hago de vientre o simplemente cago. Hoy, no sé si será que las hemorroides me atacan, aunque no las sufriré en silencio; pues me está pasando factura la comida “picantona” de este puente abisinio que he disfrutado…  o en sí lo que leo como que han detenido a 27 personas por un fraude laboral, o que BANKIA necesitaría otra inyección de 7.500 millones de euros, o que ha habido 60 muertos aproximadamente en un atentado en Saná (Yemen) donde por cierto tenemos desaparecido a un Policía Nacional, o el ex cuidador de guarderías holandés que se dedicaba a abusar de los niños, o más y más y más y más noticias…. Que cuando me miro al espejo, y me doy cuenta a la especie que pertenezco, me sale un aquél de “Qué asco me da, Usted” con su demagogia y sus palabras bonitas, que ha tirado de la cisterna, ha cerrado el periódico y ha salido abrochándose la bragueta.
-          Por lo menos, lávese las manos.
-          Así sea.

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Historias de un sombrero by Ricardo Shauferman is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-SinObraDerivada 3.0 Unported License.